lunes, 9 de febrero de 2009

Azul casi transparente (1.976) - Ryu Murakami



Cuando el escritor Haruki Murakami empezó a hacerse conocido en España debido al gran éxito de Tokio Blues (superventas del que ya hablaremos por aquí), empezaron inmediatamente a subir las ventas de los libros de Ryu Murakami, que ni es pariente suyo ni tiene nada que ver con él. Así, muchos lectores que esperaban encontrarse con las historias o bien sentimentales o bien surrealistas de Haruki acabaron por error sumergidos en las orgías anales regadas con heroína y ultraviolencia de Ryu. Para prevenir sorpresas y dar un poco a conocer a un autor interesante, empezaré hablando de Ryu Murakami (literalmente “Dragón de Villarriba”) y su primera novela “Azul casi transparente”, escrita en 1976.

Ryu Murakami nació en Nagasaki siete años después de la explosión de Fat Boy, y durante dieciocho años vivió prácticamente al lado de una base naval americana en Sasebo, un pueblo cercano. Todo hace pensar que no debió gustarle demasiado la experiencia, porque tomó parte en diversas manifestaciones contra la presencia militar de Estados Unidos en Japón. Sin embargo, las vívidas descripciones de orgías übersexuales con soldados yanquis que aparecen en algunos de sus libros han hecho pensar a más de uno que entre manifa y manifa, Ryu organizó alguna fiestecilla de “confraternización” con las tropas ocupantes.

El Dragón de Villarriba no se ha limitado a las novelas, las orgías y a tocar la batería en un grupo de rock, sino que ha escrito y dirigido cinco o seis películas (entre ellas una morbosísima peli llamada Tokyo Decadence, que recomiendo encarecidamente a los fans del bizarrismo nipón). Empezó su carrera de cineasta rodando la adaptación de la historia con la que empezó su carrera de novelista: “Azul casi transparente”.



Los humanos tenemos la puñetera costumbre de indentificar y clasificar todo lo nuevo comparándolo con referencias anteriores más conocidas. Así, sería fácil, rápido (e incompleto) definir Azul casi transparente como un Trainspotting nipón... o al propio Ryu Murakami como un Henry Miller o un Bukowsky por lo explícito de su lenguaje sexual, o incluso como un Camus pasado de vueltas, por la anestesia emocional de sus personajes que recuerda a la del prota de El extranjero.


Es difícil describir el argumento de la novela, ya que podría decirse que ocurrir, no ocurre nada o casi nada. Los jóvenes protagonistas de la historia pasan todas y cada una de sus escasas ciento cuarenta páginas drogándose con todo lo que cae en sus manos (mescalina, heroína, Philopon, Nibrole...), follando con todo lo follable (marines yanquis negros con mástiles como patas de elefante), y pegándose de todas las formas posibles. Todo ello, por supuesto, en un marco incomparable de basura y roña: seis jóvenes chutados hasta las cejas conviviendo en un mismo piso no son precisamente una promesa de higiene. Las repulsivas descripciones del misérrimo entorno de los protagonistas, sin embargo, tienen una cierta poesía feísta:


"La cucaracha había metido su cabeza en un plato cubierto con globos de ketchup; su dorso estaba reluciente de grasa. Cuando aplastas cucarachas, sale un jugo de diferentes colores. Las tripas de ésta debían estar llenas de rojo. Una vez, cuando aplasté una cucaracha que andaba sobre una paleta de pintor, salió un líquido color violeta. No había pintura violeta en la paleta, pensé que el azul y el rojo debían haberse mezclado en su diminuto vientre."



En el Japón de mediados de los años 70, el joven llamado Ryū protagoniza esta novela corta, pero de abrumadora intensidad. En ella discurre la vida de este personaje y la de su particular círculo de amigos. De todos ellos se desconocen muchos detalles, pero a pesar de esta especie de anonimato, cada uno tiene unos rasgos y patrones de comportamiento característicos.


Ryū es el gran observador de las vivencias de este círculo al que él mismo pertenece y, en esta medida, es a través de sus ojos que el lector tiene acceso a ellas. Realidad y fantasía (alucinación) se confunden en ocasiones en su narración, pues no siempre se sabe en qué estado se hallan su mente y su cuerpo cuando captura con sus ojos las imágenes que, a su vez, el lector observa.

En medio del ritmo monótono y pasivo de la narración (que no es coincidencial ni ingenuo), el tono de la novela da un giro a partir de un momento específico en el que Ryū, en compañía de su ¿novia? Lili, inicia un confuso diálogo consigo mismo y con el mundo que lo rodea. De ahí en adelante, este diálogo se irá haciendo más profundo y complejo, al mismo tiempo que Ryū va buscando espacios de soledad o de intimidad consigo mismo a pesar de su entorno: así esté en compañía, su diálogo interno no cesa. Su mirada se concentra en otras cosas o, en lo que observa, descubre otras realidades; realidades que no todos pueden ver y que al oírlas suenan descabelladas. Tal vez la vida de Ryū siguió siendo la misma después de este breve período de revelación y de encuentro con su yo interior, pero en su mente quedó grabada la dulce y desconcertante imagen del instante en el que contempló la transparencia... Y esto, no en vano sucede.


Azul casi transparente (1.976) - Ryu Murakami / Colección Compactos/ ISBN 978-84-339-1479-8 /Traductor Jorge G. Berlanga/Núm. Pág. 144

2 comentarios:

Korvec dijo...

Suena realmente sórdido. El hecho de que en la novela no suceda nada aparte de una sucesión de orgias de sexo y drogas, no me llama demasiado la atención, pero como siempre está bien eso de ampliar los horizontes culturales, miraré de hacerme con alguna novela de este pájaro un día de estos.

Saludancias

kuro&kitaku dijo...

Si. A mi parecer, creo que merece la pena por la forma de contemplar la realidad de Ryu. Creo que no deja un sabor supérfluo sino todo lo contrario. Es una novela que me ha permitido conocer un poco más sobre la sociedad nipona, la real, la de la calle en los años 60. Una sociedad marcada por la 2ª Guerra Mundial y que debía convivir, aunque no les acabase de agradar, con las tropas americanas, empaparse de su cultura para luego recuperarse.Además, fue escrita a principios de los 70 cuando aún Japón, no se había abierto tanto; cuando aún perduraba bastante el convencionalismo y el peso de la tradición seguía siendo enorme.
Kuro está deseando leerlo, ¡je!.

Saludos.

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