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martes, 19 de marzo de 2013

El despertar del sepulcro.


¿Estás de nuevo aquí?, pero si fuiste enterrada tres años atrás. ¿Se puede saber para qué has vuelto? ¿Cómo has salido de dónde te sepulté, cuando son más de 100 km bajo tierra lo que estabas? Alguna causa habrá para tan fuerte despertar. Algo, aún no teniéndolo claro, debe de estar empezando a florecer en ti. Me cuesta creer verte resurgir con esas fuerzas y sentimientos. Me asusta mucho, verte de nuevo así. Sabes perfectamente a lo que te vas a enfrentar. Conoces muy bien el dolor que vas a experimentar. Eres libre ahora más que nunca, por lo que, hacer, puedes hacer lo que más te plazca, pero mucha cautela, mucha cabeza y no tanto corazón, que ya sabes como es el olor a muerto y el de la tierra humedecida.

Espero no tener que volverte a matar, porque un nuevo dolor lleno de sentimientos echados a perder, no creo que puedas volver a aguantar. Ojos de par en par por un cabeza enferma, un corazón maltrecho y una vida desintonizada. Un cuerpo sangrante de puñaladas, una voz tenue, un rostro gris y ¿desesperanzador? Espero no tenerte que volver a enterrar en una tumba, abierta de momento, por si recapacitaras y cayeras.


sábado, 10 de noviembre de 2012

Trastornos.




Al borde del suicidio, rodeado de personas que lo ignoran. Bien por un acantilado, bien por la terraza o desde un simple bordillo a la desesperanza. De cabeza, de pies, de espalda o con los ojos cerrados. Ciertas y extrañas fuerzas que nunca habían hecho visita alguna, incluso, ni siquiera avisado. Tentaciones y temblores. Nervios descontrolados fuertemente controlados. Vaivenes, dudas, sustos, miedo y terror. Una jungla en vías de destrucción pidiendo a nadie una salvación. Oyendo voces, viendo vidas y muertes. Sintiendo y asimilando que una desesperación se te ha colado dentro de ti. Sobre ti, hacia ti y por ti. Y sólo tú eres el responsable y único capaz de arrancar esta nueva, pesada y densa sombra que ha caído sobre ti.

Lidiar con la tentación, la agonía y la supremacía de la auténtica y descomunal sintonía con tu propia vida. Apaciguar tu ritmo de vida intentando guardar risas para otro día. La calma que tu propio psiquiatra te pediría, sobrevolando como una densa nube de gas tóxico que te ahoga y saca de ti todo para desnudarte y venderte, como cualquier vida de aquellos años donde nadie te conocía. Luchando por una claridad existente pero lejana. Mordiendo con sabiduría lo que antes no pensaba o sucedía. Saboreando mis días entre una ficción tristemente real y pesada. Saliendo de lo oscuro a lo claro y cayendo por instantes al nuevo pozo de un mundo desarmado.

Poco a poco en un combate de años donde no existe ni campana ni ring. Sin jueces ni número de asalto. Una lucha despiadada donde no hay más agua que unas lágrimas que lavan tu sangre a tu cuerpo pegada. Sin final o con una vuelta de tuerca tan sorprendente que cualquier guionista soñaría. Vendidos, sí, como una especie de cuerpos gritando al mundo por una salvación aun llena de amargura y dolor. Aguardando por un no suicidio y sí una luz que su brillo te queme todas las penas. Esperando y soñando por un rumbo mejor. Navegando, surcando, muriendo o viviendo por un viento a favor.

jueves, 25 de octubre de 2012

In & out




Los cristales oscuros tapan el color de mis lágrimas. Aquí, apartado, entre la fauna y la flora que lucha por sobrevivir compartiendo el día y la noche, la pobreza y la tristeza, pero todo con esa alegría natural.

Escucho y veo las guerras. Siento las muertes y las injusticias. Serio pero sonriente: afronto una caída al infierno, infernal, de la que ya me he cansado de mirar.

A lo lejos siempre la luz, la del orgasmo, la de la salvación o la de mi propia fundición. Pero ahí está, sin dejarse atrapar y muchas vidas con ello poder solucionar.

Saldré, saldremos, viviremos y todo esto afrontaremos. Con o sin Dios. Mediante rituales satánicos, como con terapias de tu madre propia.

Y ahora, cuando el sol sigue sin marcharse, incluso, llegándose a pegar, surgen dulces y suaves brisas que suavizan mi cara levantando levemente mi existencia.

Pero ante esta opaca oscuridad que asola mi ser, lucho sin parar. Oscuridad que, sabiéndolo, ciega mis caminos, mis puentes y mis salidas, se adosa a mi cabeza para ir comiéndome las entrañas día a día, minuto a minuto. Y me pregunto entonces que curioso lo de querer siempre abrazar la oscuridad y la soledad (buscada), que una vez dentro y considerándote uno más, quieras salir por unos instantes y ya no encuentres esos pasos de atrás.

Pasos que un día me hicieron grande sin dejar nunca de adorar la oscuridad y la buscada soledad. Y sí, matizo, porque hay diferentes oscuridades y soledades muy bien diferenciadas.

jueves, 18 de octubre de 2012

Con y sin sentido.



Amamanta de tu madre Dios.
Llora  por tu padre.
Crece y cree.
Llora y muere.
Odia, grita, amamanta y muere.

Disecciona a tu madre.
Martiriza a tu padre.
Bebe y muere.
Llora y vive.
Tú, se tú y muere como tú.

Arrodíllate y perfora tu ser.
Quema a tu Dios.
Libera tu demonio.
Amamanta.
Llora, grita, vive y muere.

martes, 4 de septiembre de 2012

Letras de guerra.




Caminas por una carretera que sabe a guerra, donde sus arcenes, que apenas existen, son todo batallas. Las líneas son la discordia y el surrealismo diario. Una lucha para no salirte de ella, que te deparará quebraderos de cabeza, pensamientos insanos y risas con la muerte. La exposición al sol y el peligro de ser comido por los buitres carroñeros, probablemente, sea lo que menos te preocupe. Y su asfalto, que arde como la mismísima tierra de la que ahora te quieres alejar, te absorbe por los pies, comiéndote muy lentamente. Untándote, pringándote de un fuerte e insoportable olor a vida muerta. Y en esas, que oyes letras de guerra que matan tu tiempo. Eres tú contra el tiempo y la carretera. Contra la guerra, el asfalto, las letras y el olor a muerte que aumenta por metros. 

Te girarás hacia atrás y observarás una nube densa que terminará por cubrirte, asfixiarte y matarte. Del más lejos cosmos se acerca sin ningún otro fin que tragarte. En su interior guarda únicamente gas toxico y materia podrida. Ya no sólo debes de luchar contra carreteras, líneas, surrealismo y vidas que atrás dejas. Ahora, tu nuevo compañero de viaje, hará por qué no te detengas, ya que por el contrario, sucumbirás al desmallo y a la disipación. A la evaporización o extracción. A la muerte o la extrema y difícil codicia por sentir, que eres y serás, un guerrero con cientos de batallas. Batallas personales que a veces no quedan atrás. Pero batallas, que algún día desaparecerán.

Y por entonces, igual ya hayas dejado de caminar. O bien porque el asfalto te haya tragado, o, porque esta vida te haya malinterpretado y de ella bien te hayas apartado. Quién sabe si esa nube realmente procedía del cosmos y contenía lo que mencionaba. Quizás, igual,  en uno de esos pequeños arcenes: tropezaste, caíste y bajo tierra yaciste. 

Letras de guerra que matan tu tiempo. Tanto tiempo, que ni lo existe para poder pensar en ello.

jueves, 16 de agosto de 2012

Breve tormenta solar


Muy breve, muy breve fue el momento en el que Laura, Paula y Julia pasaron por mi cabeza. Fue una tarde de una gran tormenta solar. Tanto sol y calor hacía esa breve tarde, que sus nombres quedaron almacenados en cuestión de segundos. Los barajé segundos después y luego supe, cual sería el sitio de cada una de ellas. Aun no les ha llegado su momento. Aun deberán luchar cuerpo a cuerpo, y alma contra alma para vencer a esa terrible y breve tormenta de sol. No sé quien de ellas saldrá vencedora. No sé si habrá ganadora. Sólo, que ellas tres, han cubierto brevemente un tiempo de mi vida.

miércoles, 25 de julio de 2012

Rise.


Ni cinta, ni madera, ni suelo, ni agua. Muchas ganas, pero parado por la fisionomía, por la física y abocado finalmente a duros minutos al sol de una curiosa y bonita limpieza. Duros minutos, cortos, pero duros para ser bruscamente expuesto a mi "terrible" realidad. Ni monstruos, ni fantasmas, ni ogros, ni seres sin cabeza. Sólo agua, tierra y madera han hecho falta para que mi cuerpo se  haya sentido abatido y recluido a un balancín. Balancín que mece todo tipo de mentes, cuerpos y memeces. Vaivén que relaja, que excita, que aclara y que sostiene. Que me sostiene, porque hoy, el "día del comienzo", me ha atrapado o yo, simplemente, me he dejado caer sobre él.

¿Día del comienzo? ¿Acaso hay día para comenzar? Pero no es una continuación diaria de esta vida sana, malsana o como nosotros queramos vivirla o llamarla. Necesitaremos de máquinas o podremos nosotros solos? Nos ahogaremos, moriremos, resucitaremos y nos reinventaremos. Escribiremos y mostraremos lo que dentro de nosotros hay para escupir.


Pero por el momento y cuando creí haber vencido: sucumbí y morí. Triste y pobre de mí por creerme lo que aun no estaba logrado. Rico de mí cuando vuelva a resurgir, porque entonces, en el infierno, y no donde Satanás es el dueño, sino en el otro, las cosas comenzarán a oler y sentirse de otra forma.

Hoy es un día más en este planeta del que recordaremos más bien poco.

martes, 10 de julio de 2012

Vencer o Morir.



Volviste a por mi y me atrapaste en una noche que se volvió toda loca.
Diversión, distorsión y confusión. Agua fría, realidad y el sol quemando (bajo unas gafas) mis cansados y gigantes ojos.

Conseguiste convencerme y sin saberlo, crucificarme. 
Me crucificaste y me cambiaste como en antaño.
Me golpeaste duramente una y otra vez, y me acostumbré a ese dolor. 
Dolor que durante tiempo durmió a mi lado. Dolor que ha vuelto a posarse junto a mi. Maligno dolor.

Luché sólo contra ti y te vencí. Una lucha abierta y sonora. Una batalla dura de afrontar, pero convencido de quererla ganar.

No imaginaba que mi fuerza por unas noches, días, meses, se debilitara. Nunca hubiera imaginado volver a ser empalado. Jamás, y como ahora, mi lucha en la absoluta soledad me ha hecho por salir aireado de tanto dolor que me has provocado. Yo no soy para ti, tu no eres para mi. A mi, no vuelvas. Yo, no te voy a recibir.


jueves, 24 de mayo de 2012

Alcancé a sentirte.



Alcancé a verte. Sólo tuve que pensar un poco en ti. No imaginé que duraras tanto de dentro de mi. No creía que nunca te fueras de ahí. Noté entonces, que de verdad me querías. Vi que te importaba, vi que te necesitaba. Imaginé que soñaba, porque hacía tiempo que fui a la deriva.

Cuanto he llorado contigo. Cuanto he aprendido. Disfrutado y evadido. De cuantos ratos de ti me he servido. Siempre a mi lado. Para dormir. Para levantarme. Para cuando he ido a comer o incluso para cuando han sonado notas de tristeza. Que grande siempre me has parecido.

Hoy, anoche, ayer y mañana reiré contigo y también descenderé al infierno. Me he dado cuenta, que desde que empecé contigo, no ha habido amor más grande jamás conocido. Te he cuidado como si fueras mío. Te cuidaré como si no tuvieras a nadie más contigo.

Alcancé a sentirte.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Desde la garita.





La luna era puro esplendor. Belleza y seducción. Los perros ladraban como si les fuera la vida en ello. El centinela vigilaba esa seductora luz y las gargantas de aquellos revolucionados sabuesos. La noche estaba diferente, alterada. Algo en el ambiente corría por su cuenta, libre de ataduras y responsabilidades. Más cuando la noche y esa dulce luz hacían siempre lo que querían. Atados sólo perros y centinela. Atados de por vida.

Algo tan distante llamaba aquella noche la atención más de lo normal a los animales noctámbulos, seres moribundos y a esos  guardianes de la noche. Otras muchas veces el cielo gris lucía, pero aquella noche y por parte de lo que allí había, la noche negra lucía. Luz lunar, pero negra la noche de aquel día.

Sería su luz, la sonrisa o la mirada, pero a esa noche algo le ocurría. El silencio se acumulaba entre ladrido y ladrido. Entre paso y paso del vigía. Y curiosa y extrañamente, las sombras poco a poco desaparecían. El peso de la luna cada vez era mayor. Las gargantas, algunas, desafinaban y el centinela, cada vez más nervioso y desesperado, ya no parpadeaba. Qué quería la luna contar esa noche? Qué tenía pensado hacer? Explotaría? Hambrienta estaría? Negra se pondría?

El centinela pensaba en bajar de la garita y calmar a los perros con algo de comida y caricias. También en quedarse dentro, ponerse los auriculares y perderse en la inmensa noche de sonidos y sonoridades producidos por los ladridos, la luna, que empezaba a gesticular o la propia música. Música teletransportadora. Horas de nocturnidad, música para la evaporizaciòn.

Las horas correrían, los perros en lobos se convertirían. La luna hablaría y el señor que todo lo veía, ciego se quedaría. Culpa de la blanca luz, de los aullidos o de la propia cordura que lentamente desaparecía. Pero la voz a la luna no le correspondía. Era desgarradora y crujía. Sonaba todo desde la garganta. Parecía como si esos salvajes lobos la tuvieran poseída. Crujía la luna, los perros y la maldita garita que allí estática permanecía.

Y si fuera eso. Y sí la garita era la que se interponía entre perros, luna y el vigía? Pero, y qué pasaría? No era un lugar encantado. Allí nadie se había vaciado o desprendido de su vida. Era un caseta en alto, sin más, o con menos que contar. No, no podría ser una vieja caseta de hierro y madera, pintada de blanco lunar con zócalo de aullido animal la que aquella extraña noche todo lo cambiaría. Qué locura!!!

Entonces la luna echó a andar. Dos pequeñas piernas con pies redondos salieron de la parte más baja y circular de aquel cuerpo que empezaba a tener vida. Aquello descolocó por completo a la noche. Cambiando su negro por pálido. Los perros retrocedieron, el vigilante por un tiempo enmudeció. La caseta ahora cobraba vida y parecía seguir a los necios que tanto anteriormente el respeto le perdían. Pero que sería del vigía, que poco a poco la ceguera recuperaría para perder entonces la voz por la de la luna, que comenzaba cada vez más a dejar patente su poder y sabiduría.

Costaba creer y entender tal locura. Por la voz  -quebrada -, pero por las cosas que decía, claro estaba. Los perros, la garita y el vigilante ya daban por hecho que aquel suceso de allí no saldría. La luna estaba cada vez más cerca. Su voz era más potente según se acercaba. La luz empezaba a quemar. Y sorprendentemente, la música que en ese momento sonaba por los auriculares, se convirtió en banda sonora de aquel pasmoso berejenal. Es como si se hubise conectado a un circuito de potentes altavoces y darle así a la luna la bienvenida. No sería esa música la culpable entonces? Estarían aliados? O fue la misma sangre dividida, partida y ahora dispuesta a unirse nuevamente, aunque la pequeña, pero enorme luna chocase contra los allí presentes y de ellos, de nosotros, nada quedase.

Ya no se pensaba, ni el intento por ello. Los lobos comenzaron a bailar, la garita también corría y el centinela, despojado de todo lastre y dispuesto a afrontar una vida de otra forma que aun no sabía. Bajó y junto a los de colmillos blanco se posó. Los cimientos de la caseta quedaron para futuros excavadores. La luna estaba a escasos 3 millones de kilómetros. Aquello brillaba al son de la música, como la música y como lo más bello que jamás hayas visto y sentido. Los lobos , que ya no aullaban, no tenían garganta y se echaron al suelo. La garita se cogió los faldones y se sentó al lado. Y el centinela, como pudo, se hizo un hueco entre los chuchos y apoyando su espalda en una de las patas de la caseta, también cedió y aguardó.

Pero el qué? La llegada de la sonora luna?. De la parlante y con pies redondos luna. Tendría nombre? La recibiríamos allí sentados? Sin más regalos, ni pancartas, ni un sabroso cóctel de bienvenida al menos. Se sentaría a nuestro lado? Charlaríamos e intercambiaríamos opiniones sobre la nación? Nada, absolutamente nada de eso pasaría, porque ya se encontraba a 1 millón de kilómetros y la voz ahora la tenía entumecida.Vimos entonces que nada de eso ocurriría. De la música lágrimas salían. Llantos de desesperación. Algo extraño y real sucedía. Los lobos, la caseta y yo (el vigía), nos miramos y nos preguntamos de nosotros que sería. Nos acurrucamos y seguimos disfrutando de aquello que la luna nos había regalado. Si moríamos; sería una última, extraña y única noche que nadie más viviría. Si vivíamos; sería la misma noche, pero con la luna sentada a nuestro lado. Observándola y escuchando su vida y sus llantos.

Sus lágrimas nos rociarían, impregnarían y avisarían de una nueva forma de vida, que desde ese mismo día, comenzaría.

Morir para vivir.



Aparecieron las arañas, garrapatas y hasta las pulgas internas que hacía tiempo que ni olía. Me comían, me devoraban  sin piedad, pero antes de esta de esta aparición, llegó la pregunta y su consecuente sudoración. Agaché la cabeza, como si estuviera abatido y todo acababa de comenzar. Dejaba que me comieran entero y no había oposición alguna. Pasados unos minutos ya era carne de todo tipo de bichos de este mundo y del otro. Poco después era pasto de salvajes y pequeños devoradores. Había desaparecido el sudor, pero apareció entonces la confusión. El desorden mental me llevaba a la desesperación, dispersión y a la inexplicable  y crítica situación.

Esos seres llevaban tiempo queriéndome comer, pero la barrera construida era alta, recia y consistente. Era difícil el que penetraran por mis entrañas, cuanto más que me succionaran sangre, fuerzas, pensamientos y humor. Pero un descuido de mi capataz en su torreta como vigía fructífero el gran e inesperado ataque de esos asquerosos animales de ciudad que no paraban de alimentarse de este y de aquel, de la otra y del otro. Esta vez me tocó a mí y por más que luché, por más que saqué mis armas de destrucción; humor, paciencia y positivismo,  pudieron conmigo. Aquel día me comieron y necesité de una rápida atención. Llegó o no llegó?

Necesité de urgencia un nuevo corazón y no importaba el estado, ya que seguro peor que el mío sería imposible encontrarlo. De una cabeza, más retorcida incluso que la mía. Tampoco importaba. Y de un cuerpo que pudiera mantener toda aquella nueva ola de vivencias que empezaban a nacer, a resurgir, a resucitar de manera descontrolada. Pues parecía que necesitaba morir, ser expuesto en carne y hueso a toda aquella realidad para volver a ver todo como siempre lo había hecho. Igual debí dejar ser comido con anterioridad. Igual hubiera encontrado esos besos invisibles en el camino mucho antes de morir.

sábado, 21 de abril de 2012

No te olvido.



No me olvido de ti, porque no dejo de pensar en ti.
Porque no te saco de lo que hay dentro de mi.
Porque es inconcebible, conociéndote, olvidarte y dejarte ir.
Porque en ti, pienso todos los segundos, minutos, horas y días...

No dejaré de seguirte, porque no me apartaré de ti.
Al desierto, al espacio, al 78 o al 4 de Julio.
No me olvido de ti, porque no dejo de pensar en ti.
Porque todo es natural, como tu sonrisa, labios y sinceridad.

No te olvidaré y hasta la muerte te seguiré.
Porque despertarte en mi un nuevo ser.
Porque me empujaste hasta hoy y porque colaboraste a ser lo que soy hoy.
No dejaré de pensar en ti, porque tu vida forma parte de mi.
Porque todo me arrastra a ti. A tu entrañas. A ti.

Mis lágrimas llevan tu nombre.
Mi sonrisa tu luz.
Mi estado tu estado.
Mis palabras, tu oscuridad visceral.

jueves, 12 de abril de 2012

Encerrado.



Sin saber que hacer, que escribir, leer o hacia donde desaparecer.
Habiendo cosas por hacer, por levantar y enterrar.
Cosas por olvidar y otras por aprender.
Cosas que poner en practica para volar y salir de este nuevo lugar.

Porque dormir no es la solución, ni para el escaso tiempo de la disolución.
Porque esconderse no es el remedió a vociferar en ningún medio o bajo ninguno de ellos.
Porque no sé si la música, esa terrible pasión, o el séptimo arte, ese loco amor, son la buena salvación.

Necesito la evaporación, como la del combustible de un coche sin usar.
Chillar o gritar, callar o escuchar. Morir, sonreír, vivir o pasear por la extraña senda de mis venas.
Terminar de arrancar, de salir en sexta de la parrilla de salida y terminar en lo más alto del cajón.

La salvación no está en un partido, en una copa, un café o la compañía. No flota la salvación.
Nada inexistente dentro de mi, que sale para comer(me). Insistencia que se traga mi propia vida, cuando a ella le doy de todo, pero que me exprime como a un limón y me escupe como lo más agrio degustado.
Porque ni los besos, ni el amor, ni la compañía salvan tu nueva vida.

Estoy ahí, porque me veo y siento, pero también me transparento y el vaho lo certifica.
Encerrado en la necedad, el ocultismo y el ostracismo. 
Desnudo, arañado y dispuesto a ser quemado.
Propósitos y pensamientos. Sueños y noches. Mañanas y sueños.
Encierro en mi la solución, pero no encuentro el sacacorchos adecuado.

lunes, 9 de abril de 2012

En la cama.



Sobre esta hora (02:00 o 03:00 de la madrugada) caigo normalmente en la cama. Es tarde para madrugar y arrastrando lo que arrastro... pero igualmente, temprano para trasnochar. No, no sé acercarme antes a las pesadas y gordas mantas de invierno que calientan mi extraño cuerpo y mi mente saturada.. No encuentro la posición, la almohada parece no quererme y todo debería ser al contrario. Ella deberìa abosorverme, pero lo ùnico que hace es escupirme.

Miro al frente y al resto de puntos cardinales. Vuelvo a arreglar la almohada, vuelvo a poner mis piernas en forma de flamenco, como cuando dicho animal se posa sobre el agua. Bebo de esa agua y me alimento, pequeños peces para el flamenco, pequeños sueños para el sonámbulo. Levanto la cabeza y vuelvo a cerrar los ojos.  Me duermo o no me duermo? Mejor seguir soñando.

Suena el tono elegido en el mòvil para despertarme. Probablemente me quedé soñando y ya era más bien tarde. Pero tarde para qué? Para no dormir? Para continuar soñando? Realmente, la cama y sus mantas, hacen falta menos para dormir, para todo lo demás. Soñar, soñar y soñar y no importa el lugar. Convertido en flamenco, o bien en un cuerpo muerto, soñar es el futuro de uno. Soñar es la riqueza de quien escribe..

Volveré a la cama y continuaré con mi sueño, que no sueño. Por lo que juntaré las horas de soñar con los supuestos momentos de dormir y me levantaré soñando con una vida lejos de aquí. Lejos de estas mantas y del silencioso somier, que lo único que hace, es guardar sueño tras sueño y no dejarme caer.

domingo, 8 de abril de 2012

Se apaga.



Todo se apaga y posiblemente haya un nuevo resurgir, pero ha llegado el momento y se apaga.

Apaguemos luces, cerremos ojos y desconectemos nuestra alma. Puesto que todo se apaga y ya no hay luz que valga.

Ahora más que nunca todo se apaga, ya que ha llegado el momento y no veo nada. Ni resurgir, ni luces, ni una misera pizca de vida que alumbre mi existencia. Y cantaré por ello, gritaré por una luz que encienda mi oscura vida que se apaga.

Y en las oscuras rías de esa nueva y fría estación, donde almas desnudas fluyen sin sangre, ni color. Allí donde el negro y la humedad adornan las calles y vitorean una victoria anunciada. Allí donde la ciudadanía son vidas sin alma y almas estancadas. Almas apagadas, ojos cerrados y luces sin vida. Allí es donde debo de ir. Allí,  el sitio donde debo morir.

Dejémoslo.



La misma canción, las mismas vueltas, la misma posición. Lo mismo todo.  Ahora sí llegó el momento de su ejecución. Ya  no hay ganas de escribir, ni de escuchar y menos aún, de sentir.

Dejémoslo, dejésmolo, dejémoslo....

Las mismas vueltas, la misma canción, la misma posición. Dejésmolo, ya que en el fondo, en la oscura y absoluta soledad del todo, ya no hay ni ganas de escribir, ni de escuchar y menos aún, de sentir.

Dejésmolo, dejésmolo... y soñemos.

viernes, 9 de marzo de 2012

Dead.


Pensando en ti.
Pensando en ti.
Pensando en ti, 
hasta convertirme en lo que deseas que sea y seré.

Seré pues, un regalo para ti.
Seré entonces, tu más preciado tesoro.
Seré, tu cena de aniversario y entonces, ya no querrás saber más de mi.

lunes, 5 de marzo de 2012

Te desvaneces.



Caminas arrastrando los pies, rozando la vida, el aire y el polen que nos rodea.
Cabizbajo caminas tropezando en minúsculos obstáculos que dejas atrás.
Manos resguardadas y  barbilla tapada. Tu pelo ya cubre parte de tu vida. Tu vida, más gris que el mar Negro, sólo está falta de humo, fuego y muerte.

Caminas, caminas y no eres capaz de teclear una sola nota que te algo de vida. Te arrastras sin dejar apenas huellas. Marcas que identificaran tu fría y asfixiante presencia.

Levantas la cabeza y no ves nada frente al m espejo. Por más que miras, por más que buscas, sólo hay una gran transparencia. Una masa gris que traspasa esa puerta. Que aun siendo masa inapreciable, se dignan a concederte un camino. Camino que sigues arrastrando tras de ti sin apenas huellas, sin apenas gotas de ese mar Muerto. Sin apenas nada... llegas a las escaleras.

Dónde están las flores? Qué haces ahí sin las últimas flores para el hospital? Pero te apagas, se te cierra tu vista oscura y frÍa. Y miras hacia todos lados buscando donde poder desvanecer, sientes que tu mismo te ccomes, te hielas por dentro, te esfumas.

Todo va de gris a negro y cada vez toddo más lento, más denso. Me apago, me apago y apenas veo el color de las flores. Sólo quiero morir o dormir para siempre. Sólo quiero, que las últimas flores  del hospital, sean para mi.

domingo, 4 de marzo de 2012

La oscura lejanía.



Rugían las vías del tren y mi alma más lejos te sentía.
Acomodada por el acomodador y con la cabeza agachada te encontrabas.

Escribías y escribías y nadie imaginaría lo que ahí escondías.
Tristeza? Amor? Soledad? Lluvia o felicidad?

Saltaban chispas y eso calentaba mis pies, mi cuerpo y mi piel, pero te alejabas y el frío volvía a distorsionarme otra vez.

Tu vida de loba escritora, la mía de solitario en el espacio.
Tu alma blanca, tu alma tatuada, tu alma delicada se alejaba y las vías del tren enloquecían y suspiraban.
Mi alma, negra y vacía, sin distorsión alguna, rota y quebrada por las vías del tren. Se abría y sucumbía por tu lejanía.

Todo visto, todo escrito. Sangre, vías, vidas vacías y negras como el carbón de aquellos días.
La lejanía física y la cercanía del sueño, el combate de cada día. Lucha de plumas negras con sabor a rojo vida, con sabor a negro muerte.

viernes, 2 de marzo de 2012

Daniela (la flor de invierno).



Curioso; naciste un día lluvioso de en una temporada seca.
Gracioso; las gotas camuflaron mis lágrimas nada más verte.
Ansioso; de poder tomarte y besarte.
Meticuloso; por llevarte la más guapa.
Orgulloso; de tener una sobrina.
Majestuoso; porque serás mi reina.
Nervioso; porque soy impaciente ante tanta belleza.
Copioso; porque serás una nueva gula para mi felicidad.

Daniela: naciste y una luz interior ha surgido en cada uno de nosotros. Los paseos se iluminaràn, porque escandilarás; alumbrarás, embobarás y sorprenderás, porque tu belleza sólo acaba de amanecer.

Impredecible; pero mucha suerte y felicidad.
Fortuna; tenerte.

 Te quiero.

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